Ellos


Son aproximadamente las dos de la tarde, esa hora en la que todos están en su casa comiendo y la calle parece un cementerio, o bien, una parrilla bien engrasada. El día de hoy salí temprano de la escuela y decidí tomar una ruta diferente a casa, más larga, aunque emocionante.  Entre el calor y mi pobre visión, con una combinación de miopía y astigmatismo, pude ver en un terreno baldío cercano, el brillo de algún objeto extraño. Al acercarme, lentamente me di cuenta de que aquel objeto era algo más que una botella vieja de soldado de chocolate, era algo que, más allá de reflejar el sol, producía una luz brillante. Caminé lentamente hacia aquella brillante y misteriosa luz, y al acercarme los suficiente me di cuenta de que al dar ese último paso todo mi alrededor cambió, ya no estaba en aquel pueblito a las afueras de Mérida Yucatán. Lo siguiente que supe era que me encontraba en una ciudad futurista (o al menos lo era para mí), con estos seres altos y extraños acercándoseme.

Ya han pasado casi 20 años,  he ganado un poco de vello facial y he perdido gran parte de mis recuerdos de juventud, pero mi meta sigue en pie. Todos los días me despierto y trabajo arduamente en “Esto”, sin saber si algún día por fin funcionará. Cada vez que creo lograrlo termino con una pequeña nube de humo y con una gran decepción. “Ellos” son muy amables, me han enseñado todo lo que saben, me han alimentado y cuidado mucho durante todo este tiempo, pero, aunque los aprecie mucho, espero con ansias regresar y ver a mi familia, sin mencionar que me muero por una Coca-cola.

                El día de hoy fue como cualquier otro, trabajar, trabajar y seguir trabajando. Soldé esto, conecté aquello, intenté prender y repetí el proceso, y a pesar de no haber una diferencia entre las soldaduras de ayer y las conexiones de antier, el día de hoy “esto” por fin se encendió. Nunca había estado tan feliz en todo a mi vida, reí, lloré y pataleé. Me despedí de “Ellos” y caminé lentamente hacia la luz que “esto” creó. Al atravesar la luz pude ver por fin mi hermosa población, se veía tal cual la deje aquel día, sospechosamente igual, y no fue hasta que di la vuela que me percaté de este niño (extrañamente familiar), caminaba hacia la luz, y fue cuanto me di cuenta, realmente me cayó el 20. Cuando grité, ya era demasiado tarde, y es así como vi pasar en un segundo veinte años de mi vida.
                                                                                                                         



Luis Cruces